Comienzo y sigo
El verde y oloroso estallido de una primavera disfrutada por una sucesiva multitud de ojos, narices y manos en el letal bucle de todos los siglos, es la eternidad. El estado perfecto de las cosas, un retal en sazón del mundo, un paraíso momentáneo que sólo cada uno de nosotros sabe dónde estuvo alguna vez. Hemos sido testigos de un mismo fulgor, una verdad reconfortante y plena, tan real como la efímera excitación de nuestros mortales sentidos.
0 comentarios